viernes, 27 de marzo de 2020

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El aumento de los impuestos, la irresponsabilidad de un hijo y la siesta que no se puede dormir durante la semana. Las palabras con errores de ortografía, el vaso compartido y qué vestir en cada cena. La biotecnología como tendencia del futuro, la higiene personal y la desvaloración del humor popular. Cualquier combinación de preocupaciones es posible en San Pedro del Castillo. En este pueblo hay 2434 habitantes y una regla que cumplir por sobre cualquier otra: está permitido y, además, es obligatorio vivir con tres preocupaciones por ciudadano. 

Está determinantemente prohibido incumplir con esta norma que fue adoptada hacia finales de la década del 40 del Siglo XX. Hay distintas versiones no oficiales sobre la fundación de este régimen estricto. Ninguna de ellas tiene aprobación científica o testigo de noble pasado. 

Por supuesto que hay balances anuales sobre el estado de las preocupaciones ciudadanas donde se debaten públicamente alguna de ellas, sus raíces, profundidad y validez. No es lo mismo una inquietud, una duda o un temor. La preocupación debe ser duradera y determinante para la vida de la persona. Debe interferir con sus reacciones públicas y privadas, sus horas de descanso, sus decisiones económicas y personales, su estado físico y psíquico. 

Julián es el ferretero de San Pedro del Castillo, le preocupa la humedad de la mañana, la cantidad de cigarrillos que fuma su mujer y los resultados de cada partido de San Pedro Fútbol Club. Difieren de las preocupaciones de Marianela, joven que atiende el bazar más antiguo de la Provincia. Ella se centra en estos tres: los rumores sobre sus amoríos con hombres casados, los números que saldrán en la lotería del día siguiente y las cuotas del auto que no llega a pagar. A Marcos, el relojero, le preocupa no llegar a leer los diez libros mensuales que ha prometido, quedarse sin luz cuando trabaja de noche y, por supuesto, la impuntualidad. El psicólogo del pueblo es el único que puede modificar diariamente sus preocupaciones al finalizar las sesiones de diván. 

También hay ejemplos de preocupaciones que se duplican: las socias del gimnasio respiran preocupación por las calorías que consumen y los hijos del difunto Don Horacio están buscando el dinero que dijo haber dejado pero sin dar indicaciones de dónde buscar. 

El único caso en el que la preocupación puede ser sustituida es por solución efectiva de alguna de ellas. Hay múltiples casos que lo evidencian. Una muela de juicio que ya no dolió, una soltera que logró casarse sin importar el amor o el canoso que quedó pelado. Los cambios de preocupaciones se realizan en el Registro Oficial de Preocupaciones y deben ser firmados ante escribano público quién certifica que la anterior preocupación ha sido saldada. 

Hubo un caso en el año 1985 en el que un ciudadano nacido en San Pedro del Castillo se quedó sin preocupaciones y decidió fugarse en un Fiat 600 rojo, propiedad del suegro, dejando a su mujer, hijos y un ovejero alemán. Nunca más se lo ha visto por la zona y temen por el similar destino de su hijo menor ya que se lo nota con ciertos aires de indiferencia y apatía. 

También existe el tráfico de preocupaciones, común entre familiares, amantes o amigos. Me han contado que el encargado de la cancha de bochas ha cedido la preocupación sobre su propia infidelidad por la de su mujer que es más reciente y dolorosa. 

En San Pedro del Castillo las muertes deben ser causadas por alguna preocupación. Sólo existe registro de un caso como excepción ocurrido en el año 1971 cuando Carola Trinidad fue arrestada por matar al Juez de Paz sin previo aviso de alguna molestia particular.

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