domingo, 6 de febrero de 2011

Shhhhhhhh

Un proverbio árabe afirma "No abras los labios si no estás seguro de que lo que vas a decir es más hermoso que el silencio".

El poder de la palabra es tan inmenso como el poder del silencio. No hablar no es convertir un momento en vacío. No hablar puede ser un profundo espectro de entendimiento y dedicación al pensamiento, admiración, análisis y reflexión. La palabra mal usada, la opinión desmesurada y la crueldad de los comentarios pueden ser padres de la vergüenza, la ineptitud y la ignorancia. ¿Cuántas veces dijiste algo para no parecer desentendido? ¿Cuántas veces hablaste por encima de otro para ser escuchado?

Nos abruman las opiniones con derecho, los que creen que por tener voz aguda son más fuertes, los que piensan que un micrófono les dará inmunidad, quienes decretan verdades por sí solas, los que alteran dichos y transforman rumores, quienes generan malestar por infortunios en sus comentarios y sobran los que se adueñan de una conversación. ¿A veces no es necesario escuchar el silencio? 

El tumulto de voces es una corriente que debería ser muy sublime y delicada. Es fácil hablar, es muy difícil callar. Deberíamos llegar a la mesura del decir, donde lo que comunicamos no pierda valor y siempre seamos tan responsables de lo que decimos como de lo que escuchamos.

La palabra necesita ser revalorizada. El silencio pide a gritos ser una voz que suene fuerte. 

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